A un cenzontle
Cuando siento frío, pienso,
pues el invierno es mortaja
para creernos morir,
hacernos bien descansar,
como el canal de toxinas,
como el agua malograda.
Me gusta—solamente esto:
propio espacio sin maldad.
Pues antes de continuar,
gozo escuchar cómo canta
cierto cenzontle, de voces
que transforman mi noche y alma.
Ave de sueño y suspiro,
fuerza de la madrugada,
príncipe de lo invisible,
hacedor de las mañanas;
Eternos vientos con voces
dejados eras atrás.
Cantos de la noche febril
en las que deseo saltar.
Sentir qué transformación
da para animales y plantas;
sujetar su voz, volar,
concurrir en su cantar.
El finito, que me es todo:
se llena de eterno afán
por llegar a primavera,
tras reflexión invernal.