Leoness

Esa mujer, en invierno propio

Me decreto escarcha, me declaro piedra,

levanto muros de nieve cuando reaparece,

porque su fuego es un bosque que no me pertenece

y si me acerco un paso, me perderé en la hiedra.

 

Te miro habitar esa extraña arquitectura:

lazo de seda ella, un ancla de hierro otra, instintos.

Eres un sol dividido en dos hemisferios distintos,

y yo, un satélite frío que ahuyenta la desventura .

 

Cierro las ventanas para que no entre tu brillo,

ese calor de mujer que me desarma la piel,

porque amarte es querer un incendio, cruel,

el agua ya tiene dueño, Lesbos, y el aire un diablillo.

 

Mantengo mi invierno, mi pulso lento de guarnecer,

fijo los ojos en el blanco, del ayer vacío;

renuncio a mi propio placer, deseo morir de frío

que morir de ceniza por un fuego, que satisfacer.