En mi lucha por la cultura
llevé poetas y astrónomos
médicos y traductores,
sacerdotes y constructores.
Levanté termas, gimnasios
y una biblioteca que le hacía sombra
a la de Alejandría.
Juba y yo hemos trabajado duro
mucho, incansablemente,
tratamos a los romanos
con respeto pero sin servilismo,
no son nuestros amos
aunque así ellos lo crean,
Mauritania es nuestra dote
y por tanto no somos sus sirvientes.
Acuñamos nuestras monedas
con el rostro de Juba y el mío
la parte de mi rey y marido
escrita en latín,
la mía en el griego de mis antepasados.
Pese a ser romana
por el lado de mi padre
el bello Marco Antonio
que se enamoró de mi madre
Cleopatra VII, reina de Egipto,
yo soy más griega,
Juba siempre me lo dice
Juba mi esposo y compañero
mi amigo en los juegos
y los estudios históricos
en casa de mamá Octavia.
Una buena mujer,
crió a los bastardos de mi padre
como crió a sus propios hijos,
a todos nos amó por igual
y a las niñas nos buscó maridos
que nos gustaran
no nos impuso ni hombre
ni idioma, ni dioses,
nada que nos lastimara.
Cuando nazca mi hijo
lo llamaré Ptolomeo,
igual que el fundador de mi estirpe
sé que es varón,
la comadrona me lo dijo
hoy temprano, en la mañana
cuando vino a revisar
mi enorme panza rebosante de vida.
Juba está muy contento,
es obvio, es hombre
y prefiere un heredero.
Yo decido no pensar en el futuro,
hoy estoy aquí
disfrutando de mi gloriosa biblioteca
mañana tal vez esté
en la morada de Hades
viéndome de frente
en los ojos de mi madre,
muerta por el áspid
y por la pérdida de Egipto.
El poder acaba con las familias
imagino que el tiempo futuro
será peor de lo ya visto.
OLLIN
12/02/2026