Lucía gómez

SUPONGAMOS...

Supongamos,

que yo habito tu miedo

tan digno de respeto.

Que vives encariñado

de una frágil magnolia.

Que Dios no se ha enterado

que te he escrito versos

con plegarias inútiles.

Supongamos,

que vives en mi casa

y aún no me

conoces.

L.G.