Rodríguez

Ecos en la madrugada

Son pasadas las tres de la mañana

y el mundo duerme

pero mi cabeza ensaya tormentas,

mi almohada sabe demasiados secretos,

secretos que nunca se quedan callados en mi cabeza,

que dan vueltas y vueltas

como si buscaran una salida incierta.

La noche me mira sin juzgar,

pero tampoco me salva.

Y en este cuarto oscuro

soy eco de todo lo que no dije,

de todo lo que aún no puedo nombrar.

 

Pero el amanecer siempre insiste,

aunque yo no crea en él a esta hora.

Y tal vez mañana,

con los ojos cansados pero el corazón más liviano,

alguna de estas tormentas

decida convertirse en lluvia suave.