REDACCIÓN: ASÍ ES MI PUEBLO
No es un sitio maravilloso,
ni siquiera es algo menos que maravilloso,
aderezado, eso sí, con bastantes horas de sol
todos los años.
El complejo de edificios
que tienen dos o tres plantas
bajo el tejado marrón ceniciento
y en ciertas partes musgoso,
forma en torno de la peña,
de roca muy muy lavada
por la lluvia de primavera y otoño,
pero no sigue en conjunto
una forma organizada, coherente,
como trazada en un plano,
sino que se adapta al piso
y ofrece algunos ensanches
muy llamativos e imprevistos
y algún puntual estrechamiento,
con escalones y desniveles sin número.
Porque cada pueblo luce
una propia geografía, y yo tengo aquí este pueblo
asentado en una loma,
a lomos de un promontorio.
Y, allá, en la media distancia,
más corre un río de autos
brillantes sobre el asfalto
que un arroyo cristalino
pues baja muy poco chorro.
El pueblo se da a su gente
pero mantiene una pose distinta,
característica,
una unidad en sus perfiles
más físicos y afilados
alrededor de un castillo.
Aquí, por estar en alto,
corre fuerte por las calles
y en oleadas el viento
varias semanas al año.
Y el firme suelo, de pronto,
se precipita en cascadas
de piedra limpia y pulida,
y el casco urbano se adapta
también a este contratiempo.
Gaspar jover Polo