Aprendí a sostenerme sola.
A respirar profundo
cuando la vida pesa.
A hacerme compañía
en los días largos.
No me asusta estar conmigo.
No me duele mi propio silencio.
He aprendido a ser casa.
Y tal vez por eso
ya no quiero cargar a nadie.
No desde el cansancio,
ni desde el reproche,
sino desde el deseo
de algo más liviano.
No quiero ser fuerza extra
para quien aún no encuentra la suya.
No quiero ser soporte
cuando puedo ser abrazo.
Quiero caminar a la par.
Sin empujar.
Sin arrastrar.
Sin sostener más de lo que me corresponde.
Dos personas completas
que se acompañan.
Que se eligen.
Que se miran
sin necesidad de rescatarse.
Sé sostenerme sola,
sí.
Pero ahora quiero compartir el peso del mundo
con alguien
que también sabe sostener el suyo.
—Arih