Estoy dispuesto ahora
a resolver mi vida.
Una ecuación a los 63 años
me dice que el alma
como sustancia no existe.
Las matemáticas me recolocan
en la selva de lo ordinario,
nada extraordinario vive en mí
porque toda rutina es poca rutina.
El corcel que me llevaba
se detuvo en seco,
dejó de creer en su velocidad
y me lanzó por los aires.
Fue un primer aviso.
El alma ya no estaba conmigo
si es que alguna vez lo estuvo.
Los años son muchos años,
el tiempo los ha encogido en la distancia.
Mi año luz equivale a estos 63
vistos desde mi ignorancia malgastada
sin aprender a ser más luz,
más utopía, más diversión, más ofrecimiento,
más, más y más.
© Juan Andrés Silvente López