ENTRE LÍNEAS
Wcelogan
Él escribe desde el mar bravío.
Ella responde con mareas vivas.
Él habla de cenizas.
Ella enciende una brasa discreta
en el margen de los comentarios.
Nadie sospecha
que ese intercambio de metáforas
es un roce sostenido,
diálogo de incendios contenidos.
Su amor ignora tacto y horario:
hecho de teclas,
pero arde en píxeles.
Insomnios compartidos,
silencios que esperan notificación.
Ella lee despacio,
como si cada verso
pudiera romperse
con demasiada prisa.
Platónico, dicen.
Como si Platón conociera
esta electricidad secreta,
cuando una palabra
halla refugio
en la pantalla del otro.
Ella escribe.
Y al escribir,
se enamora
de quien la lee
como si la tocara.
Guarda poemas
como cartas
bajo el colchón del alma.
Él ignora
que ella regresa
en horas impropias,
cuando la ciudad calla
y solo queda la respiración,
el cursor parpadeando
como corazón nervioso.
No promesas.
No nombres en voz alta.
Solo fidelidad extraña:
coincidir en la noche,
reconocerse en imágenes,
herirse con los mismos símbolos.
Tal vez nunca crucen
la frontera del verso.
Tal vez el amor quede aquí:
vivo, intocable.
Pero mientras él escriba
y ella responda,
el mundo sentirá
un temblor secreto,
inexplicable.