Claudio M. López

Convallaria Majalis

Tus venas cavitan el sarro
desbordado en llanto

como el rancio llanto 
de la vieja prostituta
que ya no justifica pena
ni puede lavar sus culpas.

De tu tronco estéril 
brotan frutos sin semillas,

ofrendas inútiles,  
yertas, 
malditas.

más corteza que cortesana,
solo sirves para avivar 
delirios en llamas

en hombres y mujeres  
que impregnan tus noches  
enfermas, con el agrio  
sudor de sus pieles.

Te beben de un trago,  
y te devuelven

en espasmos  
de tos amarga,  
en atoros,

cuando el reflujo 
de tu ponzoña  
les carcome
los bronquios.

Tu deuda  
no tiene condena,  
a mí,  
no me debes nada.

No acepta el barquero  
monedas falsas.

Ni clarea la sombra  
blancura pintada.

Y sin embargo, 
flor divina,  
lirio del valle,

solo te nutres 
de los amores 
que abortas,

y deshojas las noches 
con el veneno imposible  
de tu boca.

Estás seca.

Y cuando sane
tu belleza terrible,  
los espejos  
dictarán sentencia:

seca por dentro,  
seca por fuera.

 

Claudio M. López ©