Nkonek Almanorri

TODO TIENE UNA RAZÓN DE SER.

 

 

 

La inteligencia humana jamás

Se ha extendido por igual

En todas direcciones;

Ahora con la

IA la cuestión es ver

En qué nueva

Dirección

Va.

 

Un escritor y novelista tiene que estar continuamente serruchando las palabras cuando escribe; es la mejor manera de llegar a transmitir qué en verdad quiere escribir.

 

Con 17 años y viviendo en Barcelona empecé un borrador de lo que quería que fuera una novela que haría referencia a la familia de mi madre, los hecho que había comenzado a escribir se iban en el tiempo hasta final de 1800, todo era gracias a una memoria prodigiosa que tenía mi abuela y su hija, mi madre, y que yo he heredado. Por cuestiones que sería largo de exponer, aquel borrador cayó en manos de una persona que creía que merecía mi confianza y que el tiempo y las circunstancias me demostraron que no era así. El borrador llegó a manos de un comisario de policía frustrado y con ella yo detrás; aquel cuadrúpedo de dos patas y sin cerebro quería hacer mérito, el diría que de guerra quizás, el caso es que me interrogaba queriendo saber quiénes era aquellos personajes expuestos en aquellas hojas, muchos ya habían muerto, uno llegó a ser Vicepresidente del Gobierno de Canarias, primo de mi abuela materna, y otro un cura que fue mi primer maestro y que al enterarse que su padre había sido un asesino en la Guerra Civil de 1936 (tiraba vivos a los vecinos por el cráter del volcán Jinámar y que llegaba al mar donde los restos eran alimento para los marrajos) huyó al Sahara, entonces colonia de España, desde allí a Argel, capital de Argelia, ex colonia de Francia y desde allí a París acabando en el Partido Comunista de España. Como mis respuestas y argumentos no le convencía comenzó a abofetearme hasta lograr hacerme sangrar por la nariz, yo tenía 17 años. Al final aquellos papeles se quedaron allí, en su mesa. Tardé dos días en comprender qué significaba todo aquello pero fue entonces y a partir de ahí que descubrí que la escritura era algo peligroso pero necesario, desde entonces no he dejado de escribir. La novela ha seguido, hasta hoy, 52 años después sin acabar; en el proceso de acabado y aún hoy sigo recabando información de parte de una tía abuela que tiene 96 años y una memoria intacta. Todo tiene una razón de ser.