Entré por la puerta de tu corazón mi poeta...
Entré por la puerta de tu corazón para amarte el tiempo que me quedé de vida.
Y después seguir amándonos en otras galaxias y solo existiremos tú y yo.
Somos un todo en el universo, no existe nada, solo nosotros dos.
Venimos de dos mundos, somos almas viejas, venimos de otras vidas,
Detenemos el sol, para sentir el fuego en la piel, que nos alborota el deseo.
Detenemos el tiempo, para amarnos y quedarnos recluidos, para sentir
el abrazo que engrandece nuestro amor. Con besos juntamos todo el amor
que nos damos. Nos gusta estar encerrados para disfrutarnos.
Abres la puerta y tú alma se comunica con mi alma.
Luchamos con la tiranía que nos aleja y no nos dejan vivir este amor.
Es un infierno estar separados. Pretendemos ocultar este amor para que
no sea un alboroto amarnos, resguardamos nuestro amor para salvarlo,
Dándole seguridad a este amor que tanto hemos cuidado.
En un beso nos damos la vida, alma y espíritu para ser uno solo.
Nos encanta vernos a los ojos porque ahí; hay un idioma que es solo nuestro.
Nos atormenta estar lejos, la distancia es un dolor, que no superamos.
Estamos condenados a amarnos en otra galaxia donde solo estaremos tú y yo.
Nos aterra separarnos, y bebemos lágrimas, para dar tributo a este amor.
Que a resistido por mucho tiempo porque estamos destinados a viajar solos
Hasta encontrarnos para no separarnos jamás. Te amo mi poeta, Amor ¡te Amo!
Alicia Pérez Hernández… México
No es la pluma la que escribe, es el alma
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NO ENTRES
Tengo el pulso alterado y la lengua seca,
no es respeto, es pavor a que mi peso te quiebre.
Me muevo con el recelo de quien pisa hielo fino,
mientras los muros se acercan en un baile mezquino.
Siento la claustrofobia de este vínculo estrecho,
el aire se agota, me comprime los pulmones y el pecho.
Estoy aterrado por la inercia de mis manos,
atrapado en un pasillo de miedos humanos.
Es un confinamiento del alma, un temor gélido,
donde el roce más suave me resulta un estrépito.
Siento espanto al mirarme, horror de que al reducir la distancia,
mis propias paredes terminen por mancillarte.
Me domina la angustia, la ansiedad me tiraniza,
en esta culpa constante, en esta guerra interna.
Te advertí del frío, del muro y del estrépito,
que mi espacio es pequeño y mi amor es decrépito.
Pero ya que entraste a este encierro mutuo,
bebe de mi llanto, que es mi único tributo.
Bienvenida a mi apasionado infierno, a mi eterno tormento,
donde no hay más aire que mi propio lamento.
Ya no busco salvarte, ya no te protejo...
ahora te condeno.
Tengo miedo, y por eso destruyo.
Autor: Álvaro S.