FRANCISCO CARRILLO

mi señor y su deseo.

Deme Sancho la armadura

y prepare buen almuerzo

que en este día presiento

que la lucha, será dura

tenga limpio mi sombrero

la lanza y el estocaje,

que a penas que el sol nos llame

de esta venta partiremos.

 

¿Mi señor, a que batalla

libraremos por salir

si ni el gallo cantarín

ha anunciado la mañana?.

 

¡Vamos prestos sin cuartel

a luchar, por una dama¡

por aquella, que en su cama

me llamó al anochecer

por ella, es la batalla

por llegar primero a casa

que el marido va después

y si no estoy, me la chafa.

 

¿Mi señor, y tanta prisa

va teniendo su merced

que ni botas en los pies,

ni ducha de agua fría?.

 

De verdad querido Sancho

he de explicarte otra vez

que si llama una mujer

lo mejor es ir descalzo,

con pocos atuendos también

pues los maridos se creen,

que su esposa va aguardando

para darles su querer.

 

Así que monta la silla

y prepárame el corcel

que tú me sigues a pie

y serás el que vigila

mientras hago mi deber,

¡vive Dios¡ y date prisa

que si espera una mujer,

es por sentirse querida.

 

¿Mi señor, está seguro

de arriesgarse en la contienda?

porque no es una doncella

es esposa, le aseguro.

 

Mira Sancho lo que digo

se muy bien lo que me hago

si de noche me han llamado

su esposo, no es buen marido

para eso soy hidalgo

y antes que cante ese gallo

he de dar su merecido

a aquella, que está esperando.

 

Mi señor, vaya usted solo

y cumpla su voluntad

que prefiero pelear

con gigantes y molinos

que verme envuelto entre faldas,

y si llega su marido

que a mi me dejen en paz

que mejor, estoy dormido.