Su aroma, blanco jazmín
impregnando lindo cuello
sus dientes claro destello
su corazón un jardín.
Toda ella suave fragancia
grandioso bosque encarnado
verde fruto azucarado
vestida con elegancia.
Colgaban sus dos pendientes
de oro sus oídos bellos
cerca los labios ardientes
Su tibia voz era el sello,
nuestro romance silente...
¡Nadie, negaría aquello!
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Salvador Santoyo Sánchez
10/02/2026