Para quienes han aprendido a latir en letargo, mientras los días se estiran como sombras y los crepúsculos pierden su perfume. Para quienes esperan sin esperanza, no por falta de fe, sino porque el amor verdadero sabe habitar la distancia y convertir la ausencia en un territorio íntimo donde la memoria dibuja, una y otra vez, el horizonte de una espalda amada y el reflejo de una mirada que ilumina incluso la noche más larga. Que estos versos sean el testimonio de que a veces esperar es otra forma de amar: silenciosa, paciente, y tan profunda como el mar que sigue acariciando la orilla aun cuando la luna se oculta.
Para ti, mi Pantera Negra.