UNA NOCHE DE LLUVIA ABUNDANTE
Una noche llovió intensamente en París,
contra los tejados del barrio latino,
y Cortázar lo recogió en un bello texto;
en otras muchas noches de aquel mismo
mes, o de los meses siguientes, también llovió
mucho sobre el barrio, pero el autor de Rayuela
no lo anotó en su libreta, no lo puso por escrito,
tal vez porque ya el fenómeno
no le llamó la atención tanto, o quizás porque
sencillamente no le venía bien incluirlo,
describirlo, apuntalarlo, introducirlo,
que es como un modo de aferrarse al fenómeno.
Y aquella noche de la página escrita quedó única
para siempre –no como otras muchas noches
parecidas, con frío, lluvia y desasosiego–,
como agarrada, como retenida en el folio, como iluminada
por un momento de inspiración transitoria
para que siguiera viva más tiempo.
Gaspar Jover Polo