Un granate geranio,
desde mi balcón se muestra al cielo de verano,
como un señor del fuego...
Cómplice del silencio,
en su mudo sortilegio, el maravilloso geranio,
es un milagro verdadero...
Rebelame tu misterio
de cómo existir viviendo en la lentitud del tiempo,
en la boca del viento...
Que hoy te contemplo,
mientras expandes un conjuro a tu mundo pequeño,
sin un epitafio escrito...