No voy a decir que ya te conozco,
porque todavía te estoy descubriendo,
y eso —curiosamente—
es lo que más me gusta.
Conocerte no como quien toma atajos,
sino como quien camina despacio
para no perder ningún detalle
del paisaje.
Sofi,
me parecés una persona hermosa
en una forma que no se explica rápido.
Hermosa en lo simple,
en lo real,
en eso que no se finge
y que se siente apenas aparece.
Hay algo en vos
que no empuja,
que no exige,
que no apura.
Algo que se parece mucho a la paz.
Y no hablo de una paz vacía,
sino de esa tranquilidad que abraza,
que ordena el ruido interno
y deja respirar.
Me gusta hablar con vos
porque las palabras fluyen
sin peso,
sin máscaras,
sin necesidad de impresionar.
Porque incluso el silencio,
cuando aparece,
no incomoda:
acompaña.
No quiero decir que ya sé quién sos,
quiero decir que tengo ganas de saberlo.
De conocerte en tus ideas,
en tus dudas,
en tus sueños pequeños
y en los grandes que todavía no se animan a salir.
Quiero conocer tu risa
y también tu forma de pensar cuando callás.
Conocer lo que te alegra
y aprender a respetar lo que te duele.
No para cambiarlo,
sino para entenderlo.
No hay prisa en lo que siento.
Hay cuidado.
Hay interés sincero.
Hay esa curiosidad bonita
que nace cuando alguien
no llega para llenar un vacío,
sino para compartir presencia.
Estoy dispuesta a conocerte
en todos tus sentidos,
sin exigir definiciones,
sin imponer caminos,
dejando que lo que sea,
sea verdadero.
Si esto es un comienzo,
que lo sea así:
calmo,
honesto,
con los pies en la tierra
y el corazón atento.
Porque a veces,
lo más valioso no es lo que arde rápido,
sino lo que se queda
sin hacer ruido.
© 2026 Dani. Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin autorización del autor.
10/02/2026
Dani