NO ENTRES
Tengo el pulso alterado y la lengua seca,
no es respeto, es pavor a que mi peso te quiebre.
Me muevo con el recelo de quien pisa hielo fino,
mientras los muros se acercan en un baile mezquino.
Siento la claustrofobia de este vínculo estrecho,
el aire se agota, me comprime los pulmones y el pecho.
Estoy aterrado por la inercia de mis manos,
atrapado en un pasillo de miedos humanos.
Es un confinamiento del alma, un temor gélido,
donde el roce más suave me resulta un estrépito.
Siento espanto al mirarme, horror de que al reducir la distancia,
mis propias paredes terminen por mancillarte.
Me domina la angustia, la ansiedad me tiraniza,
en esta culpa constante, en esta guerra interna.
Te advertí del frío, del muro y del estrépito,
que mi espacio es pequeño y mi amor es decrépito.
Pero ya que entraste a este encierro mutuo,
bebe de mi llanto, que es mi único tributo.
Bienvenida a mi apasionado infierno, a mi eterno tormento,
donde no hay más aire que mi propio lamento.
Ya no busco salvarte, ya no te protejo...
ahora te condeno.
Tengo miedo, y por eso destruyo.
Autor: Álvaro S.