El sauce intentaba
alcanzar mi sombra
en el último destello
del atardecer.
La brisa ilusoria
removía el rocío
sobre mis pestañas
impregnadas del aroma
a jazmín de los poetas.
Desde aquella noche
fueron años de naufragio
en aguas corrosivas
y pasos interminables
por bosques de ceniza.
Mis manos solo aprendían
a suturar las heridas
hasta que la cicatriz
se transformó en pluma.