Una taza de café, tan fuerte y dulce, que se asemeja a tu personalidad, que me atrapa con fuerza y con claridad.
¡Ay, qué envidia le tengo a esa taza, que prueba tus labios... mientras yo por ellos muero!
No importa si el café se enfría en la mesa, si tu mirada me da la certeza, que no hay aroma, grano, ni dulzura, que supere el hechizo de tu figura.
Mañana otra taza volverá a humear, esperando el momento de verte llegar.