El viento no consuela, desuella lo que toca,
la colina devora todo pulso que invoca;
amar aquí es un vicio que sangra y no se ahorca,
una fiebre sin dios que en la garganta explota.
La forma parte el verso como culpa que azota,
mitad grito en la carne, mitad razón que sofoca;
nadie ama en este suelo sin pagar con derrota,
cada beso es un tajo que la memoria coloca.
No hay piedad en la métrica si el hombre no se equivoca,
el poema es un cuerpo que resiste… y se quiebra.