El logos entra en throttle ontológico consciente,
bajo un stack de semántica inmanente.
La identidad se deploya como agente contingente,
sin núcleo esencial ni origen persistente.
El tiempo no fluye: procesa causalmente,
en ciclos de entropía auto-referente.
El ser es buffer de materia inteligente,
vasija transitoria del colapso inminente.
La verdad no revela: calcula lo latente,
y muere en runtime, coherente e insuficiente.