La tempestad no sé ira
se hará calma en el recuerdo,
nuestra propia realidad
es el precio de estar cuerdo.
Encontraste mi bondad
yo tu luz en la penumbra,
acepto con humildad
lo que el alma nos alumbra.
Te amo igual en el retiro
sin cadenas, ni reproche,
eres aire que respiro
en la pausa de mi noche.
Cierto es, no hay camino
yo de un tiempo que repara,
me miro en tu fiel reflejo aunque
el mundo nos separa.
Esos ojos que mencionás
también ven mi propia herida,
son las cosas que perdonas
por darnos un poco de vida.
El ocaso ya es presente
no hace falta lugar nada,
te guardaré eternamente
en la zona más sagrada.
Si Dios puso este momento
su razón habrá tenido,
me quedo con el sentimiento...
¡Qué regalo haber coincidido!
UnMomentoDelDestino
©Violeta