Adulzado réquiem
Se ha visto sin rémiges,
entonces cae consciente al mundo,
sediento por ver el este
que abrasa su onírico templo.
Abrazado a las cobijas blancas,
cien veces refregadas entre flores,
devela sus cotidianas falacias
al mirar los jarrones espejados.
Casi vivo, divaga
sobre el suplicio del espíritu frío,
inquieto por una vasija envilecida
que asfixia un kudzu siempre enverdecido.
Pero hoy no hubo flora ni habrá este,
mucho menos espeso paraíso;
el universo estafador carcomió todo,
y ahora todo significa dónut.
© 2026 Andrés Zapata —
Todos los derechos reservados. 10 de febrero de 2026