...la penumbra nos acompaña.
La incomodidad del silencio,
como si alguien nos escuchara.
La complicidad de venirnos sin marchar.
Caricias de sudor reptando hasta las sábanas.
Siluetas de lo que no necesita nombrarse.
Voces apagadas.
El escalofrío clandestino.
El cobijo sin frazada y
el sudor sin esfuerzo.