Un pedazo de aquella,
tras de mí, lo arrastré, con osadía
bien pulida. Mas, bella,
¡Caballero!, decía.
Con sigilo, y astucia, me comía...
En tormentos se encuentra mi paloma...
Inquietud alisada, en la avellana
reverencia a su halo, que retoma
la veleta carmín del por mañana.
Partitura naciente, mi Milena;
Consonante vibrante de un soñante,
al afán del pináculo que apena
mi valor de salvarte del sobrante...