Déjame envolverte en mis brazos y detener las manecillas del mundo. Que los segundos se fundan en este abrazo y se olviden de correr.
No pronuncies ni un suspiro; yo también haré del silencio mi santuario. Bien sabemos que hay verdades que la boca no alcanza a modular, pero que el pecho comprende al instante.
Este amor no sabe de deudas ni de esperas; te entrego mi calma sin pedir nada a cambio. Solo busco el privilegio de sentir el calor de tu piel y el canto constante de tu corazón latiendo contra el mío.
Cuando el momento expire, me marcharé como una sombra suave. Así como llegué, sin estrépito, me iré en silencio... dejando solo el calor de mi ausencia en tu memoria.