A usted recité un poema,
de memoria y con dolor,
en su lenguaje maldito
--- era un poema de amor ---.
Pesadillas me asaltaron
cuando comprobé de facto
que no se movió un solo pelo
de su cabeza en el acto.
A usted yo adoraba absorta,
muda, absorta y de rodillas,
como proclamaba Béqcuer
se debe adorar sin rencillas.
Mas usted, tras prometerme
con los ojos un destino
bienaventurado y cierto,
me trató con desatino:
¡su sonrisa se tornaba
en un viento siberiano
que dejó, inmisericorde,
mi corazón en su mano!
¡Sus caricias, antes dignas
de una reina de Milano,
se volvieron en hirientes
suturas de cirujano!
¿Cómo pudo su dulzura
devenir en ciega mella
cuando había sido antes
puro resplandor de estrella?
¿Cómo pudo su dolor
haber sido tan profundo
para alejarse de mí,
que le regalaba el mundo?