Makoto yuki

Las olas no atienden

Sin rumbo, volví a navegar por el mar,
creyendo que la sal del agua me haría olvidar
el sabor del fracaso, pero solo volví
el “te quiero” que me diste cuando reí.

A tu lado, regresé a la orilla,
recostado para no ver aquella silla,
donde te sentabas después del sexo;
me acercaba y en tu frente marcaba un beso.

Ahora solo me queda un nombre
que te puede decir cualquier otro hombre,
pero no le queda a cualquier mujer,
y lo puedo gritar sabiendo que no vas a atender.

Ya no podré tender tu ropa junto a la mía,
quedó tu recuerdo y su compañía fría;
me hace la ley de hielo, solo contesta con ecos
de lo que fue, y lo peor es que usa tu voz.