Me encuentro en este mundo
no por derecho,
sino por haber sido invitado
a participar de su belleza,
de sus encantos naturales,
de los seres que la habitan.
El tiempo concedido avanza
y sé que pronto deberé volver
al lugar del que vine.
Conocí el amor,
la desilusión, la tristeza,
y también la alegría.
Gocé del cielo azul,
del fuego de los atardeceres,
del inmenso mar y el rugir de sus olas,
de las noches de luna llena
y del tintinear de las estrellas.
Vi montes nevados,
volcanes despiertos,
lluvias torrenciales
y cielos que estallan en relámpagos.
Todo me fue dado
como un regalo breve,
como un canto fugaz
que se apaga en el viento.
Y cuando llegue la hora
de regresar al silencio,
llevaré conmigo
la memoria de la luz,
el eco del mar,
el calor de un abrazo
y la íntima certeza
de haber vivido.
Eduardo Ángeles De Rivero
Derechos reservados. 09/02/2026