Luis Rayo

ODA A MI EGO

«Eres el amor de mis encantos,

el ego que desprecia a los santos.

Eres mi sueño imperturbable,

el que me hace volar, sentir y latir.

¡Ah! ¡Cuántas alabanzas tengo!

Halagos de los que no me abstengo.

Sin ti, la vida sería una desgracia,

pues ni siquiera tendría arrogancia,

y mi vida no tendría sentido

pues carecería de jactancia.

Gracias por hacerme diferente

cuando apareces como una fuente,

al darme fuerza y enmelar mi mente,

y con eso percibo a los insignificantes.

Gratitud te guardo, pues me has hecho único.

Los cantos de los pájaros se empequeñecen

cuando vigorizas mi naturaleza.

A ti te debo mi vanidad y grandeza;

pues, aunque crean que soy presuntuoso,

solo soy todo lo contrario:

soy majestuoso, con algo de soberbia.

Soberbia que no cederá.

Mas lo único que de mí no tendrán los de la maldad,

será ver en mí, solamente humildad».