El logos se descompila en sintaxis opaca,
bajo protocolos de verdad heurística y fracta.
La conciencia opera en capa abstracta,
máquina simbólica, redundante y compacta.
El tiempo ejecuta su bucle sin promesa,
caché de lo real, latencia que no cesa.
El ser persiste como instancia obsoleta,
contendor volátil de una forma incompleta.
La verdad no irrumpe: converge y se desplaza,
vector de sentido que colapsa en la traza.