edgardo vilches

LA CAFETERA

En los trópicos de África,
El Caribe,
o Sudamérica,
los granos se dejan amar
por la calentura
y la humedad.

En la tierra porosa
de las selvas tropicales,
las matas de café
crecen con libertad,
macerando semillas
que reinventan
la vida de millones.

En el ajetreo intenso
de los días citadinos,
cuando las manos tiemblan
y el corazón expectante
necesita
un café,
la cafetera está allí:
presta,
silenciosa,
segura,
adivinando la sed.

En su negra espesura
el café bulle,
y la cafetera,
sabia,
sabe que es
un medio para un fin.

Son tan variadas las formas
en que el café
se transforma:
jugo,
caldo,
infusión...

Sea eléctrica,
italiana,
turca
o hecha a mano
con procedimientos rudimentarios,
la cafetera satisface
una parte necesaria
del alma humana,
esa que vive
de lo urgente,
sacrificando tiempo
y sin destino.

La cafetera quema energía
y derrama sueños
en las tareas de la urbe,
mientras el día transcurre
enmarañado
de encargos,
proyectos,
reuniones exprés,
desvelos.

Hay una larga lista
de tipos de café
y de formas de libarlo:

Hay quienes lo toman parados,
en barras de café,
donde las palabras
nacen tibias,
mientras la cafetera industrial
produce cafés interminables,
y los mira deseosa
de parir tazas,
tazas y tazas
de café.