ECOS EN EL PASILLO
Dejaste el café a medio terminar,
y un hueco en el sofá que no sé cómo llenar.
Las luces de la calle dibujan tu perfil
en la pared vacía de este mes de abril.
Dijimos que “amigos” era el plan ideal,
pero el silencio en casa suena tan fatal.
​
Y ahora floto en el vapor
de una ducha que no quita este dolor.
Sigo esperando el mensaje que no vas a enviar,
aprendiendo a pasos torpes cómo no extrañar.
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Porque somos el eco en el pasillo,
un nudo ciego que perdió el brillo.
Me pides distancia, te doy mi ciudad,
jugando a las sombras con la soledad.
Dime cómo vuelvo a verte sin querer caer,
si el “antes” es un mapa que no sé leer.
​
Revisé las fotos, borré la mitad,
pero los recuerdos no tienen piedad.
Hueles a lluvia y a libros de ayer,
a todo lo que fuimos y no pudo ser.
Cruzar la mirada en aquel festival,
fingir que no duele es lo más antinatural.
​
Y me digo que el tiempo sabrá ordenar
las piezas rotas que dejaste atrás.
Pero el reloj se ríe de mi fe,
cada minuto vuelve a pronunciar tu nombre otra vez.
Porque somos el eco en el pasillo,
un nudo ciego que perdió el brillo.
Me pides distancia, te doy mi ciudad,
jugando a las sombras con la soledad.
Dime cómo vuelvo a verte sin querer caer,
si el “antes” es un mapa que no sé leer.
​
No me pidas que te cuente cómo me va,
si sabes que mi norte siempre fuiste tú.
Despacio…
todo se vuelve espacio,
y yo aprendo a respirar
en un mundo donde ya no estás.
​
Porque somos el eco en el pasillo,
una puerta cerrándose sin ruido.
Me pides distancia, te doy mi ciudad,
me quedo viviendo en la posibilidad.
Dime cómo vuelvo a verte sin querer caer,
si olvidarte es un idioma que no sé aprender.
​
Vuelve a ser amigo…
o vuelve a ser un extraño.
Cualquier cosa es mejor
que este daño.
…este daño.
​