I.
Negocio es dar buscando que el paso se detenga,
mas mi alma no procura que por fuerza tú vengas;
te doy mi vida entera sin pactos ni intereses,
que el amor no se mide por lo que tú me ofreces.
II.
Quien da para cobrarse no sabe de querer,
nubla su propio pecho con sombras del ayer;
yo te entrego mi luz, mi paz y mi energía,
solo por el milagro de verte en tu alegría.
III.
No es inversión mi ruego, ni dote mi pasión,
el cálculo del hombre marchita el corazón;
amarte es darlo todo sin ver la recompensa,
un alma que te cuida y en tu bien solo piensa.
Sobre la Libertad y la Identidad (Idea II)
IV.
En esta etapa dulce de luz y de renuevo,
tu libertad sagrada es el altar que elevo;
no quiero ataduras, ni sombras de ansiedad,
elijo que tú elijas tu propia identidad.
V.
Que miren mis acciones, mi fe y mi rectitud,
que sanen tus heridas en plena gratitud;
si en mi pecho hallas casa y el resto te convence,
que sea tu deseo el que al destino venza.
VI.
Te suelto de las manos para que veas mi luz,
sin pesos de pasado ni sombras de una cruz;
si vuelves es por alma, por pura voluntad,
hallando en nuestro abrazo tu más fiel libertad.
Sobre el Apoyo y el Destino (Idea III)
VII.
Seré tu bálsamo suave si el alma te doliera,
el puerto en la tormenta, la eterna primavera;
si quieres alas nuevas para emprender el vuelo,
seré la brisa amable que cuide tu desvelo.
VIII.
Si crees que merezco seguir en tu jornada,
seré el firme apoyo en tu senda trazada;
forjando tu destino, presente y siempre fiel,
grabando tu memoria de amor sobre mi piel.
IX.
No soy una cadena, soy ala y soy consuelo,
el guardián que vigila tu ascenso por el cielo;
si decides quedarte o prefieres partir,
mi amor será el refugio donde quieras vivir.
X.
Tres décadas han visto mi entrega y mi desvelo,
siendo de tus quimeras el guardián y el anhelo;
no hay tiempo que marchite lo que es por ti sagrado,
Dunia de los Ángeles, mi ángel adorado.
XI.
Treinta y dos febreros guardando tu sonrisa,
siendo el fuego constante y la suave brisa;
mi amor no tiene ocaso, ni conoce el olvido,
pues vivo para amarte, mi sueño bendecido.
XII.
En el libro del tiempo tu nombre es el capítulo
que da sentido a todo, sin pausa y sin título;
guardián de tus deseos, de tu paz y tu vuelo,
eres el único norte que busca mi pañuelo.
Sobre la Fuerza y la Eternidad (Idea V)
XIII.
Te amo con la fuerza del rayo en la espesura,
con fe que me restaura, con paz y con cordura;
eres la luz que rompe la sombra más sombría,
la fuerza que levanta mi fe cada día.
XIV.
Más allá de la muerte, de la luz y el ocaso,
seguiré de tu alma el bendecido paso;
seré por siempre el hombre que por ti ha renacido,
el espíritu libre que en tu amor se ha fundido.
XV.
Eternamente tuyo, sin miedo ni medida,
en la paz de la muerte o el fragor de la vida;
te amaré con la fuerza que el universo encierra,
mi ángel de los cielos viviendo en mi tierra.