En el hueco de la tarde revuelvo pensamientos.
Espacios donde percibo que he madurado.
Dejé que la ternura se gestara
en la hojarasca.
Desaté los manojos de pájaros-palabras
en mi garganta.
Me asome a los ojos de los míos
y me dejé encontrar con su mirada.
A Dios gracias,
en mi talega colmada de días
ya no quedan heridas ni lágrimas.
Agradecida por tantos amaneceres
cosecho mi nostalgia.
En este presente donde habito,
sé que el amor seguirá amasando
su bendito pan con mis espigas…
De mi depende ser trigo cada mañana.
Beatriz Teresa Bustos