Silencio Bajo Llave
En los pasillos donde el sueño me emancipa,
habita un ente que no tiene voz.
Es una figura que se rehúsa a formar un yo
que no me obedece,
ni al mismo Dios.
Allí donde la noche se acurruca en un regazo mudo,
se escapan mis pensamientos en sublevación,
como huérfanos jugando a no volver.
Mi inconsciente es una bóveda sin fondo
que escribe poemas con ardor y ausencia;
cada palabra es un cadáver dormido
flotando en la sangre de mi conciencia.
Los espejos devuelven lo que no soy;
hay rostros que me miran desde adentro.
Habita en mí, pero no es mío,
y me susurra todo lo que he olvidado.
A veces es un niño que llora en el sótano,
otras una mujer que besa sin amor;
a veces soy yo,
pero sin alma.
Una estatua a la que le robaron el rumbo,
un delirio con nombre ajeno,
un dios cansado de serlo.
Sea lo que sea,
me vive cuando duermo
y yo le sigo ciegamente
en su danza sin brújula.