Después de haber habitado en el silencio
parto más allá de la rutina,
donde los senderos
de lo viejo y lo nuevo,
se separan sin mirarse.
Con mis ojos y mis sueños,
abandono el refugio del tedio
y piso los verdes inmensos,
estrellas que han visto todo,
pero que aún aguardan la sorpresa.
Mis ojos son el álbum donde guardo,
el pasado, el sepia de las caras
que me han enseñado a entender.
Mis sueños son el cosquilleo del alma.
Desnudo de promesas,
ligero de horas tristes,
viajo sobre las llanuras
asombrado por esa ruta
sin destinos que conozca.
Duermo en los montes de sosiego
donde no hay finales con miedo.
Como las flores, dejó que me despierte el día
y que se llene de luz con el sol de la mañana
Dejo entrar en mis oídos, las canciones ingenuas
sin protestas, sin reproches
Hoy
Mis pies caminan la ruta descansada,
esa que recorro
con ensueños ganados.
Escucho un himno de voces diáfanas,
bella melodía que vuela sobre el viento,
que cruza los mares peligrosos
y llega en los atardeceres de fuego
a las costas sin pueblos que haya visto,
venciendo a la rutina,
aceptando que algunas batallas están perdidas,
recibiendo la sanación de las heridas
y llevando las cicatrices como recuerdos.