El viento frío soplaba con fuerza
congelando hasta los huesos,
pero dentro de la pequeña cabaña
el ambiente era muy diferente.
A la orilla de la chimenea
nuestros cuerpos se calentaban
al calor de las rojas brasas
y del beso que nos regalamos.
El crepitar de la leña
marcaba el ritmo de los corazones
que amenazaban con fuerza
salir de nuestros cuerpos.
Copos de nieve comenzaron a caer
vistiendo el paisaje de blanco
mientras nuestras almas se entregaban
al amor que ya había nacido.