I
El silencio habitado
En el vasto silencio que es mi vida,
donde el mundo calla y se derrumba,
solo una voz mantiene la partida:
es tu nombre sagrado el que retumba.
II
La búsqueda onírica
Te sueño en la vigilia de mis horas,
te busco en el vacío de la ausencia,
y persigo tu rastro en las auroras
que no tienen el brillo de tu esencia.
III
El juramento vital
Mientras aliente un soplo en este pecho
y tenga voz mi labio para hablarte,
tu nombre será el único derecho
que tenga mi existencia para amarte.
IV La letanía constante
No habrá mañana, tarde ni momento,
mientras la sangre corra por mis venas,
en que no seas tú mi pensamiento,
el dulce alivio a todas mis condenas.
V
El umbral de la partida
Y cuando llegue el fin de mi jornada
y se apague la luz de mi mirada,
no temas que te deje abandonada
en la orilla de la vida terminada.
VI
El único equipaje
No llevaré riquezas ni memoria
cuando cruce la última frontera;
solo tu rostro, espejo de mi historia,
será mi posesión, la verdadera.
VII
La imagen impresa
Porque estás en mi alma tan clavada,
como un tatuaje de luz que no se borra,
que al partir hacia la nada helada,
tu imagen vendrá conmigo, aunque yo corra.
VIII
Más allá del tiempo
Si aquí mi boca te nombró constante
con la premura de este tiempo breve,
allí seré tu eco delirante
en una eternidad que no se mueve.
IX
La promesa trascendente
Te juro que la muerte no es olvido,
ni el sepulcro será muro tajante;
te llevaré a mi lado, alma prendida,
como el faro que guía al caminante.
X
Amor eyerno
Fui silencio poblado por tu acento,
soy la voz que te nombra enamorada,
y seré, más allá del firmamento,
quien te siga llevando a su costado.