En una ciudad oscura,
me aguardaba una puerta abierta a mi soledad,
y en consecuencia,
como agente para mi estigma, su triste alcoba...
Allí mismo, en una cama,
es como si estuviera sobre una materia muerta,
descansando de la violencia,
y del embrutecimiento de estar pagando precio por la vida...
Ahora, es mi única poesía,
el contar y contar ovejas, cada vez con más insistencia,
al margen de toda palabra,
hasta que la tiniebla haya subido por la escalera...