Los títulos nobiliarios no nombran un linaje heredado, sino un orden conquistado en el tránsito.
Señor apacible.
¡Qué recuerdos tenemos!
Vivencias irrefutables.
Dolores compartidos.
Placeres comentados.
Aún estás conmigo y con mi albur.
Ya miramos más fijo. No buscamos
caras bonitas sino que hay en esas almas.
¡Ese espejo que son los ojos! - ¡sublime!
Recuerdo cuando fuimos consortes de lujuria.
El sexo fue compás carcelario
¡Qué tiempos! ¡Cuánta pérdida de tiempo!
Seguís conmigo, viejo consorte.
Ahora tenés tu título nobiliario.
Puedo enumerar cómo tu linaje ha cambiado:
\"Fuiste Barón en tus tierras más chicas.
Pasaste a ser el vizconde sin saber
quién era tu señor.
Te volviste conde sin tener una guía precisa.
Los límites de tu era y tu hastío
se marcaron cuando fuiste marqués.
Y ahora sos duque, el más alto de todos.
Honorable, supremo solo rindiendo pleitesía
a aquel que está sobre todos.
¡Al rey de reyes!
De vuelta a la realidad, viejo amigo,
es un gusto verte, reconocerte.
Estimarte con cariño fraternal.
Ver en lo que te has convertido,
me llena el corazón de alegría.
Saludos a tu albur y heredera.
Todo esto lo sonrío cuando nos miramos
al espejo, viejo amigo.
Ese reflejo de lo que fui, soy y seré.
Te quiero mucho, reflejo de príncipe.