Carlos Andrey Vargas Araya

Mis Ceniizas

Me has quitado todo, dices,
y en ese todo cabe el universo
que levanté con manos temblorosas,
ladrillo a ladrillo, verso a verso.


Era más que un oficio:
era el pan, la dignidad, el nombre.
Lo arrancaste como quien arranca
las raíces que sostienen al hombre.


Convertiste mis palabras en ceniza,
cada sílaba un carbón encendido
que quema la lengua cuando hablo,
que me ahoga en un silencio impuesto.


Vaciaste mis bolsillos y el alma,
me hiciste apostar lo poco, lo último,
como quien se juega el aire que respira
en un dado lanzado al anonimato.
Manchaste el expediente de mi vida,
tachaste con tinta negra cada logro,
y ahora camino entre sombras ajenas,
perseguido por nombres que no conozco.
Me robaste la conciencia 
me perdí en lagunas del olvido:
náufrago de mi propia memoria,
extranjero en el país que he vivido.
Las oportunidades eran puertas
que cerraste una a una, con candado,
y el futuro, camino sin cercas,
se volvió un callejón tapiado.
Derribaste lo que edifiqué con años,
tumbaste el edificio de mi historia,
y ahora habito estas ruinas
como quien habita su memoria rota.
Pero algo queda. Algo resiste
entre los escombros del despojo:
la certeza de que fui, de que existí,
antes de tu llegada y tus ojos rojos.
Y aunque me hayas quitado el presente,
aunque hayas saqueado mi pasado,
hay un fuego que no puedes apagar:
la voluntad intacta de volver a ser.
Porque quien lo pierde todo
descubre que aún puede recuperarse