CRICEL

“Um ángel de luz”

 

Hace tiempo que partiste 

y no he logrado entender por qué. 

Sin embargo, sé que en este momento 

ya estás mucho mejor. 

 

Fuiste una gran amiga y consejera, 

fuiste un ángel de Dios 

que vino a este mundo 

a darnos luz y tranquilidad. 

 

Te extraño, mi gran amiga. 

En ocasiones he deseado tanto 

salir a buscarte y decirte 

que me he sentido muy sola 

y que necesito un abrazo. 

 

Pero entonces recuerdo 

que ya no estás aquí, 

y en ese preciso instante 

me pongo sentimental. 

Al mismo tiempo, un alivio me invade, 

porque sé que tú y yo 

fuimos dos grandes amigas, 

y siempre fuiste mi confidente. 

 

Hoy me despido de una gran mujer, 

de una maravillosa madre, 

pero, sobre todo, 

de una excelente persona 

y de un noble corazón. 

 

Esa mujer que siempre 

me abrió sus brazos 

y las puertas de su hogar, 

a quien agradeceré siempre 

desde lo más profundo de mi corazón.