Lo aposté todo por un puente
y me doy cuenta de que está incompleto.
Confié en la razón, en la lógica, en la ciencia,
como si fueran estructuras sólidas
capaces de llevarme al otro lado del abismo.
Y entre las risas
y la ligereza con la que se toman ciertas verdades,
fue como si un aire de burla
me empujara a mirar más de cerca.
Vi que los pilares no tocan fondo,
que cada paso está sostenido
por teorías que se contradicen,
por suposiciones que cambian con el tiempo.
Siento vértigo al mirar abajo,
un vértigo que me consume,
pero al cual me hice adicto.
Y aún así, hay quienes juran
que su puente está completo,
firme, verdadero.
Pero yo los miro desde mi grieta,
no con envidia, sino con sospecha,
porque si de algo estoy seguro,
es que todo puente que no duda, miente.