Jhondy Algenys

Normalización de la pérdida

Aprendí a perder

sin gritar,

sin romper la casa,

sin nombrar a nadie en voz alta.

La ausencia se volvió rutina,

como el polvo en los muebles

o el silencio después de las noticias.

Ya no duele de golpe:

duele en cuotas pequeñas,

pagaderas cada día.

Normalizamos la pérdida

cuando dejamos de preguntar

por qué la silla está vacía,

cuando el recuerdo ya no arde

sino que entibia.

Se nos fue la gente,

los sueños,

las versiones de nosotros mismos

que creían que todo era reparable.

Y aun así, seguimos.

No por valentía,

sino por costumbre.

La pérdida dejó de ser tragedia

y se volvió paisaje.

Un fondo gris

sobre el cual aprendimos

a caminar

sin mirar atrás demasiado tiempo.

Porque mirar de más

también cansa,

y vivir —a veces—

es simplemente

aprender a convivir

con lo que ya no está.