Tu mano roza la mía, un gesto simple,
una caricia que no busca, es incapaz,
es el tacto de un amigo, algo noble,
una caricia que se queda en paz.
Pero mi piel no comprende la distancia,
mi corazón ya ha roto su armadura,
lo que para ti es un acto sin tolerancia,
en mí florece una loca aventura.
Te ofreces como un puerto de calma,
como un hermano que me quiere bien,
y yo lucho por no entregar el alma,
por no decirte lo que siento, también.
Es un muro de cristal, frágil y fuerte,
que me obliga a contener mi pasión. liberación
Tus caricias, que evitan la suerte,
me rompen con su cruel limitación.
No resisto a tus brazos que me abrazan,
a tus dedos que acarician la frente,
en caricias que me atan y rechazan
al sentido que abrasa, al amor que se siente.
¡Mi sistema de estímulos se revela ante el tacto sutil!