José Luis Barrientos León

Poema para un amigo en 3 actos (A Mario Blanco Barrantes)

 

Acto 1. Compañero de Verdades

No es que tengas el mapa del tesoro,
ni una brújula de oro entre las manos;
es que aprendiste, amigo, que el camino
se hace menos amargo si es humano.

Te miro andar con esa paz herida,
la de quien ha sumado cicatrices
y en lugar de esconderlas como sombras,
las ofrece para que otros sean felices.

Esa humildad tuya no es de rodillas,
es la del árbol que da sombra y calla,
la de quien sabe que la vida es esto:
una terca y hermosa batalla.

Acto 2. La Memoria en los Bolsillos

Me acuerdo de las tardes de tertulia,
del café compartido y la esperanza,
de cuando el tiempo era un paso que mordía
y tú ponías la vivencia como peso en la balanza.

Hay imágenes que el alma no negocia:
tu mano abierta al que pidió un rescate,
ese \"estoy aquí\" que no pedía nada
mientras el mundo entraba en su combate.

Has buscado la verdad como quien busca
una llave perdida en la llovizna;
sin dogmas, sin carteles, sin estruendos,
limpiándole a la historia su ceniza.

Acto 3, El Oficio de Ser Hombre

Tu ejemplo no es de bronce ni de mármol,
es de arcilla, de sudor y de paciencia.
Admiro esa manía tan urgente
de ponerle corazón a la conciencia.

Y en ese laberinto de lo interno,
fuiste el faro que encendió la calma;
nos enseñaste que despertar no es sueño,
sino sacarle el polvo a nuestra alma.

Sembraste fe donde no había suelo,
dando el empuje a nuestro vuelo incierto,
convirtiendo el asombro en la esperanza
para que el espíritu se mantenga siempre despierto.

Porque tender la mano no es un gesto,
es un contrato que firmas con el viento,
una forma de decir que el otro existe
y que su dolor es también tu cimiento.

Sigamos, compañero, que la vida
—pese a los naufragios y el olvido—
vale la pena si al mirar al lado,
encontramos a alguien que no se ha rendido.