La lejanía no siempre es partir: a veces es quedarse sin saber regresar.
Hay distancias que no se miden en kilómetros, sino en silencios.
Personas que estuvieron cerca y ahora habitan una frase incompleta, un gesto que no volvió a hacerse.
El tiempo abre espacio entre lo que fue y lo que somos.
Trabaja sin ruido, con una paciencia exacta.
Aun así, algo permanece: una memoria sin urgencia, la certeza de un lugar donde no estábamos solos; un sitio sagrado al que solo nosotros sabemos ingresar.
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Rafael Blanco López
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